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La desgracia de los seres humanos, es sentir el miedo a perder las cosas que amamos o deseamos; la desdicha de las personas, es imaginar que todo es nuestro por el simple derecho de poseerlo; y es este penoso comportamiento el que nos hace terriblemente infelices, en verdad nunca seremos felices sino hacemos felices a los demás. No comprendemos que esta situación es la que nos empobrece día tras día, porque para enriquecernos realmente debemos dar sin pedir nada a cambio. Y es en este maravilloso proceso de dar que podemos liberar las fuerzas ocultas de nuestro interior, regenerándonos en forma integra y total. Esa es la esencia que produce Dharma y que puede tomar diferentes formas, pero que en su sustancia más profunda es el Amor Consciente. Si realmente queremos ser ricos y felices, debemos acostumbrarnos a dar a nuestros semejantes lo mejor de nuestra alma y corazón, debemos ser como esa fuente de vida que da de beber a todos los seres sin distinción de ningún tipo, siempre dispuesta a ayudar a aquellos que más necesitan. El que anhela la felicidad, debe dar gracias por todo lo que posee y con mayor premura, agradecer la posibilidad que Dios le brinda de poder servir a los demás. Porque el amor se manifiesta en gestos concretos, en palabras justas, en sentimientos nobles hacia todos los seres, este es el secreto mágico que puede transformarnos, y sólo dando se puede realizar esta Obra. De nosotros exclusivamente depende.
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