LA DUALIDAD
La manifestación del bien y del mal nos enseña que el hombre debe vivir con esas dos fuerzas, de la misma forma que con el día y la noche. La luz y las tinieblas son dos principios divinos, no hay nada negativo en la noche como tampoco lo hay en el día.  A pesar de lo mucho que nos quejemos o discutamos, ni siquiera por nuestras plegarias más fervientes o por nuestras acciones más enérgicas el universo cambiará ninguna de esas manifestaciones cósmicas porque sino el desarrollo de la vida sería imposible. De modo que el mal y el bien están cómodamente instalados en nuestra casa, en nuestro mundo; y aquello que definimos como correcto e incorrecto está detrás de cada pensamiento, emoción o acción.
Mientras nos encontremos atados a esa idea de pares opuestos estaremos en una perpetua esclavitud, encadenados al deseo y escapando al dolor, creyendo que uno es más conveniente que el otro. Sólo cuando la conciencia se ha elevado por sobre estos dos principios fundamentales comprendemos que la verdad, es decir la realidad, está sujeta a estas dos fuerzas y que cada hombre debe resolver el conflicto creado por esa dualidad antagónica.
Evitar el dolor que vendría a ser la consecuencia del mal es un instinto natural en todos los hombres, el mismo instinto que nos lleva a disfrutar del placer y quedar embargados en nuestros propios deseos. Pero, ustedes me dirán si estoy muy equivocado, muchas veces en la vida cuando nos encontramos con esas crisis existenciales, cuando el dolor es como un sol que ilumina el día y la noche en forma continuada, puede suceder en esos momentos (no es una regla para todos) que la conciencia se despierta y se comienza a preguntar quién es uno, que hace en esta tierra y para que está aquí. Comprendemos que estas preguntas son de una naturaleza vital para el Alma Humana que necesita de la sabiduría y el entendimiento, como los pulmones necesitan del aire para su existencia, porque estos son los pilares en que se sostiene toda la creación y por ende forman la sustancia de aquello que llamamos Creador.
Claro, para la mente sensual que vive en la tierra, todo ese sufrimiento está asociado al mal pero no así para el alma que comprende que sólo es una forma más de purificación. Cuantas experiencias que han sido muy dolorosas nos han enseñado que la vida está repleta de plenitud para aquel que comprenda la unidad de todas las cosas.
Comprobamos entonces que muchas veces la medicina es más dolorosa que la propia enfermedad pero continuar con esa dolencia por el simple hecho de no querer vivir la experiencia del dolor ya es síntoma de necedad e ignorancia.
Nada se puede hacer frente a la dualidad que completa todo este maravilloso universo, todas las cosas nacieron para ser pares y opuestos a la vez. Sus relaciones y asociaciones son misteriosas y sólo aquel que ha descubierto la verdad en si mismo las puede contemplar, en su eterno e infinito funcionamiento, en paz y serenidad.
No pensemos que el mal está fuera de nosotros y que estamos separados del malvado o del ignorante. Ellos sólo nos muestran lo que hay dentro de nosotros. No pensemos que el bien nunca vendrá a nosotros porque las pequeñas obras son los cimientos de aquello que ahora imaginamos solamente para los santos. Muchos han hablado que esta polaridad surge de nuestra propia mente y no por ello están equivocados, pero no sólo es parte de la mente humana (que la comprende) sino de toda la vida en general. Todas las cosas buenas o malas, mentira y verdad, luz y oscuridad, día y noche están ligadas y nos encontramos unidas a ellas como el vacio que se encuentra al centro de una rueda está ligado al límite de la circunferencia de la propia rueda.
El hombre que se cree justo y mejor que los demás solamente consigue polarizarse hacia un polo determinado. No hay que escapar ni aferrarse a nada determinado porque como bien dice el Kybalion: Todo es doble, todo tiene dos polos; todo su par de opuestos: los semejantes y los antagónicos son lo mismo; los opuestos son idénticos en naturaleza, pero diferentes en grado; los extremos se tocan.
EN EL ORIGEN
La dificultad de nuestra comprensión sobre esta dualidad se encuentra enraizada en la ignorancia. Los actos, aun los más sencillos son como semillas que plantamos, estas semillas deben crecer y madurar, deben dar sus frutos para que podamos ver si estos son de una naturaleza correcta o incorrecta, si son buenos o malos. En el origen estás causas se encuentran en reposo, los dos pilares que sostienen al templo del universo: rigor y misericordia, no se han manifestado aún. La raíz de todo bien o mal se encuentra en la conciencia, es por ello que para poder eliminar un ego debemos antes comprenderlo, debemos ver su naturaleza para poder llegar así hasta su raíz. Es por ello que leemos en el Dhammapada las palabras del Buda que dicen así: Mientras no ha dado su fruto, el necio cree que el mal es dulce, pero cuando da su fruto, entonces el necio sufre las desgracias.
Es por ello que el sendero espiritual es prodigioso y peligroso a la vez. Prodigioso porque abarca la órbita del tiempo y del espacio, encontrando la grandeza en lo pequeño, la unidad en la multiplicidad, la claridad en la oscuridad, la plenitud en el vacío. Peligroso porque sus senderos no están marcados por una ninguna señal visible y es fácil finalizar en mal aquello que comenzó en bien.
Volvamos entonces, para tener una idea de lo que hablamos, al ejemplo anterior que se refería a la crisis existencial. Esa crisis nos da la fuerza necesaria para despertarnos (en el Budismo Tibetano a esa experiencia se la llama el Bardo de la Existencia y se la asocia a una oportunidad de cambio) y nos genera profunda preguntas acerca de la naturaleza de este mundo. En general las crisis provienen por la falta de una sustancia que es fundamental para la vida que llamamos amor. Esa falta de amor nos produce un vaciamiento que necesitamos llenar de algún modo, y como hemos comprendido que colocar todos nuestros anhelos en otra persona es transitorio, comenzamos por donde deberíamos haber comenzado, es decir: en nosotros mismos y más específicamente en la Divinidad que reside en nuestro corazón. Comprendemos ahora que ese mal, que es la ausencia de amor, produjo una fuerza de voluntad necesaria para movilizarnos, y crear las condiciones de superarnos.
Esa superación nos remite al tema del conocimiento interior y profundo, ese conocimiento es lo que denominamos Gnosis y es un funcionamiento natural de la Conciencia. Como es de la conciencia, esta no se encuentra en ningún libro sagrado, tampoco, pese que a muchos les moleste, se encuentra en las parábolas o axiomas dichas o escritas por los Maestros. Todas las palabras de sabiduría tan sólo son llaves o herramientas que permiten abrir estados superiores de conciencia, estados que deben ser creados por nosotros mismos para reconocer nuestra propia Luz y Oscuridad.
Esta conciencia comprende que subestimar al mal y engrandecer el bien es una locura, que subestimar al bien y engrandecer al mal es de necios. Ninguno puede destruir al otro sino que sirven, como una escalera, que se usa tanto para bajar como para subir.
Comprendo que es imposible, en un pequeño artículo como este, poder desarrollar con claridad un tópico que ha sido debatido a lo largo de toda la humanidad. Sabemos que hay una cantidad enorme de bibliografía sobre este tema, que abarca diferentes puntos de vista del pensamiento humano: religioso, filosófico, psicológico moral y a pesar de ello no todo ha quedado develado sino que muchas veces el misterio se ha vuelta más profundo e inaccesible.
Tan profundos son estos interrogantes que anhelo sirvan como un punto de encuentro para todos los buscadores de la verdad, anhelo que esto nos sirva para debatir, compartir y comprender este insondable misterio que es la Vida.

 

 
 

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