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EL ORIGEN
La dificultad de nuestra comprensión sobre esta dualidad se encuentra enraizada en la ignorancia. Los actos, aun los más sencillos son como semillas que plantamos, estas semillas deben crecer y madurar, deben dar sus frutos para que podamos ver si estos son de una naturaleza correcta o incorrecta, si son buenos o malos. En el origen estás causas se encuentran en reposo, los dos pilares que sostienen al templo del universo: rigor y misericordia, no se han manifestado aún. La raíz de todo bien o mal se encuentra en la conciencia, es por ello que para poder eliminar un ego debemos antes comprenderlo, debemos ver su naturaleza para poder llegar así hasta su raíz. Este sabio pensamiento está bellamente expuesto en el libro Dhammapada donde el Buda lo expresa así: Mientras no ha dado su fruto, el necio cree que el mal es dulce, pero cuando da su fruto, entonces el necio sufre las desgracias.
Es por ello que el sendero espiritual es prodigioso y peligroso a la vez. Prodigioso porque abarca la órbita del tiempo y del espacio, encontrando la grandeza en lo pequeño, la unidad en la multiplicidad, la claridad en la oscuridad, la plenitud en el vacío. Peligroso porque sus senderos no están marcados por una ninguna señal visible y es fácil finalizar en mal aquello que comenzó en bien.
Volvamos entonces, para tener una idea de lo que hablamos, al ejemplo anterior que se refería a la crisis existencial. Esa crisis nos da la fuerza necesaria para despertarnos (en el Budismo Tibetano a esa experiencia se la llama el Bardo de la Existencia y se la asocia a una oportunidad de cambio) y nos genera profunda preguntas acerca de la naturaleza de este mundo. En general las crisis provienen por la falta de una sustancia que es fundamental para la vida que llamamos amor. Esa falta de amor nos produce un vaciamiento que necesitamos llenar de algún modo, y como hemos comprendido que colocar todos nuestros anhelos en otra persona es transitorio, comenzamos por donde deberíamos haber iniciado, es decir: en nosotros mismos y más específicamente en la Divinidad que reside en nuestro corazón. Comprendemos ahora que ese mal, que es la ausencia de amor, produjo una fuerza de voluntad necesaria para movilizarnos, y crear las condiciones de superarnos.
Esa superación nos remite al tema del conocimiento interior y profundo, ese conocimiento es lo que denominamos Gnosis y es un funcionamiento natural de la Conciencia. Como es de la conciencia, esta no se encuentra en ningún libro sagrado, tampoco, pese que a muchos les moleste, se encuentra en las parábolas o axiomas dichas o escritas por los Maestros. Todas las palabras de sabiduría tan sólo son llaves o herramientas que permiten abrir estados superiores de conciencia, estados que deben ser creados por nosotros mismos para reconocer nuestra propia Luz y Oscuridad.
Esta conciencia comprende que subestimar al mal y engrandecer el bien es una locura, que subestimar al bien y engrandecer al mal es de necios. Ninguno puede destruir al otro sino que sirven, como una escalera, que se usa tanto para bajar como para subir.
Comprendo que es imposible, en un pequeño artículo como este, poder desarrollar con claridad un tópico que ha sido debatido a lo largo de toda la humanidad. Sabemos que hay una cantidad enorme de bibliografía sobre este tema, que abarca diferentes puntos de vista del pensamiento humano: religioso, filosófico, psicológico moral y a pesar de ello no todo ha quedado develado sino que muchas veces el misterio se ha vuelta más profundo e inaccesible.
Tan profundos son estos interrogantes que anhelo sirvan como un punto de encuentro para todos los buscadores de la verdad, anhelo que esto nos sirva para debatir, compartir y comprender este insondable misterio que es la Vida.
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